jueves, 29 de abril de 2010

La derrota más bella de mi vida

Setúbal, una pequeña ciudad portuguesa en los alrededores de Lisboa es la cuna del mejor entrenador de fútbol en la actualidad. Con José Mourinho no hay matices, o lo admiras o lo odias, pero indudablemente no puedes ser indiferente. Mou pertenece a ese grupo de entrenadores que se convierten en el centro de los equipos a los que dirige, que es capaz de sacar lo mejor de su escuadra y lo peor de los rivales a los que se enfrenta.

Mourinho siempre será un malentendido, porque en realidad pocas personas son las que observan la totalidad de los juegos de sus equipos y se centran en los partidos importantes. En este tipo de encuentros es en los que aparece la parte pragmática del entrenador y en los que plantea el juego de acuerdo a las condiciones del mismo y no al estilo definido de la plantilla. Si el día de ayer Guardiola hubiera entendido que tenía que ser más vertical y no marear la pelota, y que el fútbol se gana con goles y no con juego bonito, seguramente hoy no estaría escribiendo esto.

Es precisamente por partidos como el de ayer que al portugués se le acusa de ser un técnico extremadamente defensivo. Creo que deberíamos hacer una diferencia entre defensivo y defensivista, un estilo defensivo entiende que la defensa el es pilar fundamental para la creación y el equilibrio del juego del equipo, y por lo tanto todos los jugadores tienen que saber defender, y el defensivista es que el juega a defenderse y en el que todos los jugadores defienden.

El partido que planteó Mourinho el día de ayer fue uno de los más defensivos en su carrera, eso es cierto. Mucho se le criticó y se valoró como injusto su pase a la final, pero el Inter supo manejar los dos encuentros y atacar cuando era necesario así como defender la ventaja en su oportunidad. La estrategia demostró ser más importante que el romanticismo, y el portugués entendió perfectamente que atacar y tratar de quitarle la pelota al Barca en su casa hubiera sido un suicidio (Madrid y Arsenal lo han pagado). Es por esta razón que Mourinho renunció al planteamiento que había utilizado durante toda la Champions y creo un “Mouro” impasable para un Zlatan apático, un Xavi acorralado y un Messi que nos sigue demostrando que Chuck Norris no juega Play Station entre semana.

Pero si tomamos en general la carrera del estratega de Setúbal podemos darnos cuenta que efectivamente es un entrenador defensivo al priorizar el orden, pero que es capaz de atacar con todos los hombres cuando es necesario. En el partido de ida jugó con tres hombres adelante de Sneijder, y no olvidemos que en partido de la fase de grupos ante el Rubín sacó un once titular que incluía a Balotelli, Eto'o, Milito, Sneijder, Stankovic, y si hubiera tenido a Pandev, éste hubiera jugado también. Como bien diría Axel Torres, la mitología popular ha hecho creer que Mou es conservador, defensivo y cobarde, pero en realidad es el único argumento en contra que se encuentra ante un técnico que ha demostrado ser capaz de adoptar en cada situación, en cada campo, ante cada rival, el estilo y el esquema que más conviene.

Hablando de mitos, el de Mou es tan grande que ya se le ha comparado con Helenio Herrera, el único entrenador capaz de ganar una copa de campeón de Europa con el Inter, y que tal y como el portugués, el argentino era polémico, arrogante, ganador, presuntuoso y odiado por muchos, pero un odio alimentado como respuesta a su éxito.

Los dos son técnicos que entienden que el fútbol es más que 22 jugadores, un árbitro y cuestiones tácticas. Comprenden la existencia de un elemento adicional y decisivo, el estado de ánimo de los futbolistas y como diría Valdano un equipo es un estado de ánimo. Maestros de la psicología motivan a sus jugadores enseñándoles que el único camino es la victoria, provocadores, mentirosos cuando es necesario, saben como desviar la atención de sus jugadores para quitarles presión y absorberla para sí mismos.

A Mourinho se le critica de resultadista, pero al final los resultados son los que cuentan, y resulta que Mou es un ganador. La forma en la que venció en el Camp Mou mostró una faceta que algunos han llamado maquiavélica, en el entendido de que el fin justifica los medios y si había que jugar sin delanteros para frenar al Barcelona, entonces así sería.

Los que no encuentran razón en el estilo de juego de Mourinho lo llaman anti-fútbol, pero no comprenden que este deporte se nutre también de este tipo de actuaciones, de gestas heroicas como la nerazzurri el día de ayer. Aún jugando con 10 jugadores gran parte del partido pudieron detener al mejor equipo del mundo. Decía Helenio, que se jugaba mejor con 10 que con 11, y el día de ayer el equipo dirigido por el portugués realizó mejor su trabajo que la escuadra catalana.

Esa es la gran virtud de Mourinho, cuando vienen los partidos importantes su figura se agiganta, el “special one” como lo conocían en Londres ha aprendido a manejar perfectamente los tiempos antes del partido y los juegos mentales que eso conlleva (la estancia de Figo en la banca) y una vez en el campo es capaz de mejorar el rendimiento de sus jugadores a través de la elección del planteamiento correcto; siempre con un as en la manga.

El portugués es enemigo de aquellos que proclaman la belleza del juego como la única verdad del fútbol. No aspira a crear una verdad única, pero sus resultados lo avalan, 14 títulos en seis años, de sus 389 partidos como entrenador solamente ha perdido el 11.8% y se mantiene invicto en sus encuentros de local en competiciones domésticas.

Mourinho consiguió el día de ayer algo de los que muy pocos pueden presumir, que el Barca se mirara al espejo y no se reconociera, ya veremos que plantea al enfrentarse a su maestro el 22 de mayo.

M

lunes, 26 de abril de 2010

El "7"

"Raúl es el Madrid y el Madrid es Raúl"
Emilio Butragueño

Como bien diría Galeano, el entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red, puede parecer misterio o locura, y eso se vio el pasado sábado cuando el eterno capitán blanco anoto el gol que ponía al Madrid al frente en el partido contra el Zaragoza.

El festejo de Raúl no fue exclusivamente el reflejo de su gol 228 en la Liga, sino que fue una liberación y un llamado a todos aquellos que lo dan por acabado. Es cierto que en lo últimos años, pareciera que Raúl se arrastra por los campos, pero el capitán siempre esta ahí, y este ano, Pellegrini le ha hecho entender su lugar en el Madrid neogaláctico.

Yo he sido de esos críticos que han atacado la labor de Raúl, no por dudar de su capacidad, sino por no entender que no es el mismo jugador que hace 10 años y seguir pretendiéndolo. Eso sí, nunca dudaré de quien ha sido y lo que ha logrado, (tiene el mismo número de UCL que el Barcelona en toda su historia) pero parece que el final de una era se acerca.

El gol en la Romareda es un reflejo de la carrera de Raúl, oportunismo, lucha, coraje. Su “gol cojo” como lo han llamado, es en buena medida el premio para el jugador que nunca se rinde.


Irónicamente, el estadio que vio nacer futbolísticamente a Raúl podría ser el mismo de su despedida como jugador del Real Madrid, toda vez que se ha confirmado que la lesión en el tobillo lo dejará fuera lo que resta de la temporada. De ser así, sería una gran despedida para el capitán, con un gol sello Raúl, que bien podría valer una liga, entre ovaciones y dando paso a quien espero se convierta en un referente blanco, Benzema.



M

domingo, 25 de abril de 2010

Allez les Bleus!


Cada país tiene una forma diferente de vivir el fútbol. El público francés ha sido siempre incrédulo con el fútbol, en gran medida porque el juego de su selección, a diferencia del jogo bonito brasileño o el catenaccio italiano, nunca ha sido relacionado con un estilo específico de jugar; y esto se ve claramente reflejado en la apatía con la que los franceses viven el fútbol.


Aunado a esto, nunca antes la participación de Francia en un Mundial había sido tan controvertida. Desde el inmenso fiasco que representó la eliminación en la Euro pasada, las críticas constantes a Domenech; cuyas cábalas dejan en ridículo a los dragones de La Volpe, la calificación in extremis para Sudáfrica; mano de Henry incluida, hasta el reciente escándalo sexual de Ribéry; quien puede verse legalmente afectado por jugar en canchas no reglamentarias, el equipo francés ha sido seriamente golpeado y pocos son los que lo consideran como un claro aspirante al título.

Esta situación contrasta totalmente con la apreciación que se tenía de los Bleus hace diez años. La Francia de Zidane, puede ser considerada como la última gran selección que se consagró a nivel mundial; siendo recordada tal y como fue la Hungría de Puskas, el Brasil de México 70 o la naranja mecánica de Cruyff. Nadie puede dudar que los eventos deportivos son de los últimos lugares donde el concepto de identidad nacional puede expresarse ritualmente, y donde las diferencias se desvanecen en pro del equipo nacional.

Cuando Francia se coronó el verano de 1998 en el Stade de France, se rompió el paradigma de la homogeneidad nacional como símbolo del éxito, el campeón era la consagración de un equipo que expresaba una diversidad cultural impresionante y un origen multirracial al que, frente a un país que todavía realiza consultas para definir su propia identidad, su selección de fútbol era una expresión de diversidad, y en ese sentido, la victoria de Francia en el Mundial del 98 y la Euro 2000, fue un triunfo de la diversidad sobre el nacionalismo tradicional y culturalmente homogéneo.



La victoria futbolística del combinado francés dejó de ser un acto meramente deportivo para trascender como una realidad social, el éxito deportivo reafirmaba la importancia de darle una mayor prioridad a las posiciones que defendían la multiculturalidad y que esperaban una nueva definición de la identidad francesa que reflejara la nueva realidad social. Esta victoria, como podría esperarse, no estuvo exenta de críticas. El sector más conservador de la sociedad francesa criticaba la falta de “identidad nacional” en la selección, y el siempre oportuno Jean-Marie Le Pen, se sentía avergonzado por que La Marsellesa no fuera entonada por "franceses de verdad" y de la artificialidad de su equipo nacional.

Como una extrapolación del éxito deportivo al ámbito social y político, el modelo de adaptación de inmigrantes y multiculturalidad reflejado en la selección francesa, se convirtió en el ansiado reconocimiento público para las minorías que han sido tradicionalmente excluidas. Asimismo, la entonces ministra francesa de Deportes y Juventud, Marie-George Buffet declaraba que la victoria de los Bleus era el reflejo de que Francia podía hacer grandes cosas si estaba unida.

No en vano Camus afirmaba que “Patria es la selección nacional de fútbol”. Por esta razón, el ejemplo de la selección francesa irrumpió en el escenario mundial como un reconocimiento a las minorías, y a su vez un elemento para que el Gobierno Francés promoviera su política de identidad cultural. ¿Por qué?, porque el fútbol es un elemento que estimula, al menos simbólicamente, la integración necesaria para generar identidades que al final se transforman en la base de las naciones; no sobra decir la importancia de apoyar a la selección nacional como una expresión pública de pertenencia y lealtad hacia tu país.

Este éxito deportivo se transformó en todo un fenómeno social, ya que presentó al modelo de la multiculturalidad como un modelo exitoso, contraviniendo la creencia tradicional de la homogeneidad de la población como base del éxito. En un mundo en el que las migraciones son parte del día a día, y que la llegada de poblaciones extranjeras se ha visto como una amenaza a las bases de la identidad nacional, el ejemplo de Francia, mostró que es posible lograr la adaptación y asimilación de los migrantes, e integrarlos al mainstream de valores y símbolos nacionales. Reflejo de esto que la Secretaría General de la ONU haya manifestado públicamente el agrado y aprecio a las contribuciones del equipo francés para la construcción de un mundo más tolerante y equitativo; situación aplaudida también por las comunidades musulmanas al interior de Europa.

Por un momento Francia, “la nación de las naciones”, transformó su identidad, pasó de sus colores “bleu, blanc,rouge” al “black, blanc, beu” (negro, blanco y árabe) y mostró el potencial que tiene el fútbol para producir cambios al interior de una sociedad. Si bien el modelo exitoso no ha podido ser replicado, el equipo francés produjo una transformación en la forma que las selecciones, por lo menos a nivel europeo, eran concebidas.



La selección bleu ha avanzado a una composición en la que ya no es relevante ni el lugar de nacimiento, la piel o el pasado; el combinado francés se ha convertido en el reflejo de una población que aspira a una sociedad equitativa donde la meritocracia y democracia reflejen las verdaderas posibilidades sociales y económicas de una Francia pluricultural. Pareciera que fue hace más de cuatro años que Zidane dejó vacío el lugar del líder de esa selección, y con él la terminación del éxito del modelo, sin embargo Ribéry y compañía no han dado la última palabra, y el 17 de junio en Polokwane veremos si la duda sobre la identidad francesa planteada a principio de año por Sarkozy, tiene también su reflejo en el terreno de juego.

M