martes, 6 de julio de 2010

1956 y el fin de una era

Si bien es cierto la historia de un país está formada por una sucesión de acontecimientos, existen coyunturas que cambian para siempre el devenir de un país. La Revolución Húngara de 1956 no sólo reafirmó el control del gobierno socialista en Budapest, sino que también terminó con uno de los equipos de fútbol más brillantes que hayan existido, el Aranjcsapat.

Es difícil imaginar una época en la que Hungría dominaba el fútbol internacional, pero a inicios de los años cincuenta, no había equipo que pudiera disputarle nada a los centroeuropeos. Se mantuvieron invictos durante más de tres años y medio, tiempo que les sirvió para alzarse con el oro Olímpico en 1952. Además entre junio de 1950 y noviembre de 1955 anotaron 220 goles en 51 encuentros, lo que significa un promedio superior a los cuatro goles por partido, nada más.

Después del duro golpe que había representado la Segunda Guerra Mundial para el mundo futbolístico, fue la Hungría de los años cincuenta el equipo que se encargo de reinventar el deporte en la era de la posguerra. Se les atribuye el abrir un nuevo capítulo en el diseño táctico debido al constante intercambio de posiciones con jugadores polivalentes que fue mejorado en los años setenta por Michels.

Más allá del título olímpico, creo que el momento de gloria para la selección húngara llegó en 1953. Ese año, la Hungría comunista se enfrentaba a la Inglaterra imperialista en el mismísimo Wembley, territorio sagrado para los ingleses, donde se habían mostrado invencibles hasta ese momento. Resultado, un 3-6 que no se olvida, porque Wembley era como tal, un recuerdo de la magnificiencia imperial, que sucumbía ante una Hungría moderna y comunista, dando un mensaje que llegaba más allá de la frontera del fútbol.

Después de ese encuentro, quedó claro que los Magiares Mágicos no sólo hicieron una renovación del sistema táctico, sino que también lograron un récord impresionante de 42 victorias, 7 empates y una derrota, aquella contra Alemania en 1954. El equipo húngaro se convirtió en uno de los equipos deportivos más dominantes del siglo XX. A medida que se convertía en una máquina de ganar, el equipo magiar fue utilizado como referencia del Bloque Oriental, se convirtió en una herramienta propagandística utilizada por las autoridades comunistas en Hungría para mostrar el éxito de los ideales socialistas y el poder del proletariado.

El concepto de Hungría como exportador del sistema socialista no fue un simple acto de propaganda. El diseñador de ese equipo, Gusztáv Sebes, era un socialista declarado que quería mostrarle al mundo el fútbol socialista, un nuevo movimiento regido por la idea de que la cohesión del equipo dependía de que el balón se propagara equitativamente entre todos los jugadores, y que una definición de roles más laxa a la postre definiría lo que sería el fútbol en años futuros. Tal vez no lo definió en su totalidad, pero ciertamente fue la antesala de una de las escuelas con mayor influencia en la actualidad, la escuela del Fútbol Total de los Países Bajos en los años setenta.

No hay que dejar de lado tampoco que la figura del 10, el playmaker es otra de las contribuciones de Sebes al fútbol moderno. En un equipo donde la versatilidad era la base y los jugadores intercambiaban posiciones, Hidegkuti era el responsable de dar forma al juego de los Magiares y las cifras récord de Puskás y Kocsis no son sino el reflejo del éxito generado por esta innovación.

Era tal el éxito del Equipo Dorado, que éste generaba un consenso nacional, algo sobre lo cual ser patriótico. Era el reflejo de una sociedad que creía que podía salir adelante, y en este sentido el gobierno lo utilizaba como elemento propagandístico de una ideología, pero para muchas personas, era mucho más, los seleccionados nacionales se convirtieron en propaganda en favor de la nación. La política nunca estuvo alejada del fútbol en la postguerra. El mismo Puskás en su libro Puskas on Puskas señalaba que la política y el fútbol estaban entrelazados y el gobierno húngaro estaba desesperado por utilizar a este deporte como un arma propagandística.

Para cuando llegó el Mundial de 1954 había un claro favorito, Hungría. No existía equipo capaz de enfrentarse a los magiares y salir victorioso. Un 8-3 contra Alemania Occidental en la primera ronda parecía señalar claramente lo que sucedería cuando se enfrentaron en la final alemanes y húngaros, pero contra todo pronóstico Alemania se impuso 3-2 en el llamado “Milagro de Berna”, y Hungría nunca logró ser la misma. Con un efecto totalmente contrario, existe gente que considera que la victoria alemana en Suiza fue parte importante para que el “Wirtschaftswunder” o milagro económico alemán tuviera lugar.

El equipo húngaro logró en cierta forma reponerse a la derrota en la final del mundial, sin embargo no regresó nunca a su máximo nivel. En el fútbol todo son momentos, sino aprovechas las circunstancias cuando las tienes a tu favor difícilmente volverán a aparecer. Eso pasó con Hungría, no lograron llevarse el campeonato mundial en el 54 y para ese entonces, el momentum que tan grande había hecho al equipo magiar, estaba perdido.

La estocada final a la Aranjcsapat tuvo lugar en 1956. Recordemos que Kruschev inició un movimiento de destalinización en ese año, y ese tipo de acciones como el discurso contra Stalin al interior de la Unión Soviética no hicieron sino debilitar el control que Rákosi tenía en el partido comunista en Hungría, lo que llevó a un movimiento revolucionario espontáneo conocido como la revolución húngara de 1956, que como resultado trajo un nuevo gobierno, pero mayor opresión por parte del mismo. Al momento que eso sucedió, la selección se encontraba de gira en el extranjero y para cuando ellos regresaban a Europa, los tanques soviéticos se postraban sobre las calles de Budapest y la mayor parte de aquella generación dorada prefirió exiliarse lejos de su tierra natal a buscar construir una utopía socialista que nunca llegaría.

Con los jugadores asentados en diferentes partes del mundo y el férreo control del gobierno, la leyenda estaba muerto. El futbol húngaro nunca pudo recuperarse a ese golpe, derivado no tanto de la opresión aplicada por el gobierno, sino más bien por la forma abrupta en la que una generación dorada desapareció de la escena. El equipo nacional húngaro se ha convertido al interior del país en tabú, nadie quiere referirse a él, en parte por no querer recordar ese pasado mágico que fue y no es más. Pareciera ser que cada vez que Hungría sale a la cancha, tiene que cargar con el peso del pasado, con la sombra de ese gran equipo que se fue y como la esperanza del de ese pueblo húngaro, nunca regresó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario