martes, 25 de mayo de 2010

El 'Príncipe' coronó al nuevo rey de Europa

“Cè solo l’Inter, per me. No, non puoi cambiare la bandiera, e la maglia nerazzurra…”



Madrid, el escenario estaba listo, y dos viejas glorias se enfrentaban por la corona europea. Finalmente fue el Inter quien jugando como mejor sabe se llevó la copa. Un equipo compacto, ordenado y solidario, que a la ofensiva no perdona y que no tiene desconcentraciones en la defensa. La táctica como base, un bloque, un ejército, un equipo que es uno mismo, donde Zanetti y Cambiasso le hacen las coberturas a Samuel y a Lucio, donde Pandev y Eto’o, el ego más grande de África, sacrifican sus posiciones para cubrir los laterales, y donde Milito mata.

Tuvimos la oportunidad de presenciar no noventa minutos de fútbol, sino de intensidad, de presión, de sacrificio, de táctica que finalmente regresaron a los neroazzuri al cielo europeo, posición que desde el mítico Helenio Herrera no ostentaban y que regresa la felicidad a la familia Moratti. El Bayern fracasó por donde lo intentó, con una dependencia extrema en Robben, que si bien fue el mejor de su equipo, estuvo lejos del nivel que mostró en las eliminatorias anteriores.

El centro del campo bávaro se encontró con una muralla en los pies del eterno Zanetti y el incombustible Cambiasso, dos exiliados para Maradona, que acabaron con todo aquello que Van Bommel y Schweinsteiger intentaron. Altintop no dio un mal juego, pero si faltó el desborde de Ribéry y alguien que acompañara a un solitario y perdido Olic. El partido se jugó donde el Inter lo quería, y siguiendo el guión, despeje de Julio César, cabezazo de Milito, devolución de Sneijder y a dormir, el resto era solamente que el Inter dejara consumir el reloj.

La reacción del Munich se vio hasta la segunda mitad, pero más con ganas que con juego. Las entradas de Klose y Gómez sólo lograron acumular atacantes y facilitar el trabajo de los lombardos. Después en una jugada de manual, Eto’o abrió el espacio para un Milito que se llevó a una lentísima defensa muniqués y nos regaló un recorte de estampa, para mandar la pelota a la red y liquidar con eso el sueño bávaro.


No obstante el Inter se mueve como un solo bloque, es justo resaltar la figura de un crack, Diego Milito. El príncipe, aparece siempre en los momentos importantes. Anotó el gol contra la Roma que le dio la Copa Italia a los de Milán, hizo el 1-0 ante el Siena que permitió a los nerazzurri llevarse la Serie A, y convirtió los dos goles que dieron la victoria en la final de la UCL.

Milito, matador cuyos registros nunca dejan de sorprender, ha tenido un andar particular por Europa. Llegó al Génova, ahí se consagró y un amaño de partidos evitó la clasificación del equipo a la Serie A y provocó por lo tanto su llegada al Zaragoza. Después como hijo pródigo regresó al Génova donde firmó una gran temporada y llamó la atención de Mourinho, quien encontró en el argentino al sustituto perfecto para Ibrahimovic.

Este partido sin lugar a dudas lo ganó Milito, el delantero se inventó dos goles, dos llegadas que tuvo el Inter y que acabaron en el fondo de la red. La lentitud de los centrales bávaros convirtió a la zaga alemana en una carretera que Diego transformó en una pared con Sneijder que llevó al primer gol, y habiendo encontrado la fórmula, volvió a despedazar a la defensa muniqués con velocidad y sentenció un partido que se llevaba esperando 45 años. Después del 2-0 todo fue un trámite, el Inter dejo que el tiempo avanzara y el Munich desesperado no encontraba la forma de batir a un crecido Julio César.

Habrá quien se sienta indignado y considere que la victoria del Inter en la Champions no es justa, que el fútbol perdió y la racanería y el conformismo salieron avantes. Es más, seguramente habrá quien a pesar de que el Inter ganó un triplete histórico, lo sigue considerando como el malo de la película, aquel que destruyó el “juego perfecto” del Barcelona. A toda esa gente, cabría señalarle que si es cierto, cuando el Inter fue a jugar al Camp Nou salió a defenderse y a anular al mejor equipo del mundo. Es verdad, pero para poder salir a defender una ventaja, había que lograrla primero. El pasado sábado, los bávaros tal y como le sucedió a los catalanes en aquella ocasión, fueron por el sendero que el Inter decidió.

A mí, la victoria del Inter me parece más que justa. El equipo milanista hizo los méritos suficientes para obtener la gloria, dejando en el camino a los dos grandes favoritos y mostrando una gran capacidad para manejar los tiempos de las eliminatorias.

En el fútbol podrá gustar más un estilo que otro, pero como en todo, la belleza es relativa y no por jugar diferente al Tiki-taka se debe menospreciar el logro alcanzado por los interistas. El preferir un estilo sobre otro no debe nublarnos para entender que diferentes métodos para alcanzar el mismo fin, la victoria, no deben ser deslegitimizados. No se debe identificar a un estilo de juego como el único posible, sobre todo porque a pesar de que los nerazzurri basaban su juego en la defensiva, siempre marcaron un gol más que los rivales. Que no haya jugado con la “belleza y elegancia” que otros priorizan, no significa que el Inter no sea el justo ganador.


El Inter nos ha mostrado, que el fútbol es más que la estética, es también trabajo, un equipo sin piedad que rara vez se equivoca y mata en su oportunidad. Muchos criticarán su estilo, pero al igual que una orquesta, el conjunto debe ser uno sólo, y la música es el resultado de la misma, la precisión de movimientos, sincronización y armonía, y que nos enseña que los caminos del fútbol son indescifrables, que no hay una verdad absoluta y que simplemente gana el mejor.

BTW Felicidades a Giuly y a Eli

M



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