
Pocos equipos en el mundo se identifican más con una ideología como el Lazio. La imagen del conjunto celeste se encuentra inmediatamente vinculada a la ultraderecha italiana y al fascismo. Los laziales representan una Italia que pareciera ha dejado de existir, pero que en el fondo se encuentra muy presente.
En Roma la situación no es complicada, el Lazio tal y como lo hace la Roma controla ciertas áreas geográficas, naces en las afueras de la ciudad y eres celeste… sin remedio. Sin tratar de caer en burdas generalizaciones, podemos decir que los hinchas laziales son los ricos residentes suburbanos de derecha.
El Lazio, que surgió en el año de 1900 por oficiales del ejército italiano, desde sus inicios ha estado ligado al Partido Fascista Italiano y siempre ha estado rodeado de un ethos marcial. Además, Benito Mussolini era fanático del equipo, tan fanático que construyó el Estadio Olímpico para reemplazar el antiguo Estadio del Partido Nacional Fascista. Esto claramente ha repercutido en que actualmente los ultras más radicales estén vinculados con las ideas de la extrema derecha.
Incluso podríamos afirmar que conforme la distancia temporal con Il Duce ha aumentado, lo ha sido también el afecto de los seguidores del Lazio por el fascismo. Algunos partidos extremistas como la Alleanza Nazionale utilizaron el estadio como lugar de reclutamiento y en el estadio todavía sobrevive un obelisco con el nombre de Mussolini.
Los seguidores del Lazio siempre han mostrado su tendencia política, pero no fue sino hasta la aparición de los Irriducibili en 1987, cuando el extremismo apareció en la escena. Este grupo se convirtió en el más importante y posó la sombra del águila sobre la Curva Nord del Estadio Olímpico. Tan importante ha sido la aportación de este grupo para reafirmar la ideología fascista del club, que en la temporada 2002-2003, la directiva optó por retirar el número 12 de manera permanente, celebrando así los 15 años de su formación.


Como toda tendencia ideológica, el Lazio necesita de un rival, alguien que represente su antítesis, y lo han encontrado en su vecino. Al igual que como sucede en otras grandes ciudades italianas (Milán, Turín) Lazio y Roma comparten estadio, el Olímpico,en donde la Curva Sud le pertenece a los romanistas y la Curva Nord es territorio celeste.
La ‘Stracittadina’ como se conoce a este duelo de la capital, es un juego entre la loba y el águila, dos equipos que no son los más importantes en Italia y que han vivido a la sombra de los poderosos equipos del norte del país. La historia de odio entre estos dos equipos comenzó en 1929, pero no ha ido sino creciendo, en gran medida porque el origen de los seguidores es tan diferente, los laziales burgueses y políticamente conservadores, y los romanistas obreros e izquierdistas, pero los últimos con una historia más exitosa, que no hace sino exacerbar el fanatismo de los primeros como consecuencia de la impotencia en la cancha.
Sin lugar a dudas la cita en la “Ciudad eterna” es el duelo más espectacular del calcio, la importancia que le brindan tanto los ‘giallorossos’ como los ‘biancocelesti’, acostumbrados a no levantar el título, hace que el partido se juege como una final y que la victoria se celebre en su máxima expresión.
Tan importante resulta la rivalidad entre romanistas y laziales, que en el juego acontecido hace un mes, la Roma derrotó 2-1 al Lazio y Francesco Totti, capitán giallorosso, hizo un gesto a los fanáticos del Lazio señalando que el descenso a la Serie B se encontraba cerca. La respuesta de los hinchas celestes fue pedir al equipo que perdiera el juego contra el Inter, perder ese juego podía significar el descenso del equipo a la categoría inferior, pero eso no importaba, lo importante era que el Inter ganara y no permitiera a la Roma ser campeón. Finalmente el Inter se impuso por un marcador de 2-0 en un partido con un Lazio extremadamente apático y donde los fanáticos celebraban los goles neroazzurri.
El club es un claro ejemplo de que el fascismo y el extremismo siguen teniendo cabida en Italia. No son solamente sus fanáticos, sino también son los jugadores los que realizan acciones que dejan claramente marcadas sus tendencias políticas. Como todo gran equipo, el Lazio debe tener un gran capitán, y aunque no fue mucho tiempo el que jugó ahí, Paolo Di Canio se convirtió en el referente mundial del equipo, todo aquello que los fanáticos adoraban y en lo que los detractores se basaban para atacar al equipo.
Di Canio lo ha dejado claro, el simpatiza con el fascismo y se ha declarado nacionalista, patriota y admirador de Benito Mussolini, y, por si fuera poco lleva tatuado en el brazo la palabra Dux (Duce en latín). El acto que lo convirtió en héroe inmortal para la Curva Nord fue la realización del saludo fascista al anotar el gol que abría el marcador en su primer derby de regresó a la disciplina labial. Anotarle a la Roma y hacer el saludo, le valió toda clase de comentarios desde salvador del entusiasmo hasta fascista degenerado, pero dejó una cosa muy clara era un fenómeno preocupante que decía algo sobre la situación, no sólo del equipo sino de todo el país.


El S.S. Lazio representa ese espíritu combativo italiano, con una retórica bélica y agresiva en la que a los jugadores se les llama gladiadores y se les exige que salgan a morir. El Lazio es más que un equipo de fútbol, es una ideología y un sentimiento que no está ligado a los títulos y a la historia del club, sino a lo que éste representa. Está más allá de Mussolini y de Di Canio es una expresión de la sociedad que encuentra en el fascismo el modelo político necesario para recomponer el camino de Italia y que asimismo espera que el águila celeste extienda su dominio por todos los terrenos de la Serie A.
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