
Hamburgo es una ciudad única en Alemania, debido a que su calidad de gran puerto ha permitido la entrada y salida de barcos con todo tipo de gente, y ha creado un carácter cosmopolita, particularmente en Sankt Pauli, en donde no se pueden evitar las connotaciones sexuales en la calle de Reeperbahn donde la Jolly Roger ondea a lo máximo.
Ese distrito no es para nada la versión elegante, moderna y burguesa del Hamburgo que podríamos esperar, sino más bien presenta la cruda realidad de una ciudad portuaria, con pescadores pestilentes, reductos de movimientos punk, guarida de prostitutas, así como obreros representando a la clase protelariada. En su centro, como no podía ser de otra forma, y reflejando las características del lugar, el F.C. St. Pauli se muda a mediados de los años 80.

El equipo, surgido en 1910, nada tiene que ver con el que existe en la actualidad. La escuadra que ha vivido toda su vida a la sombra de su vecino el Hamburgo, sufrió una transformación radical a mitad de la década de los ochenta. Al instalarse en las cercanías de Reeperbahn, rodeados de sex shops, tables y salas de tatuajes, el equipo fue moldeando su personalidad frente a la nueva realidad, en un momento en el que el movimiento punk estaba en su apogeo y que convirtió al equipo en un ícono global del fútbol y la izquierda.
Fue a partir de este momento que el St. Pauli se convirtió en un equipo de culto, atrayendo la atención de las particularidades del barrio que lo acoge, y la clase trabajadora, punks, rebeldes y demás, se sintieron atraídos hacia este club que pareciera ser más un equipo amateur, un integrante más de la clase obrera a la que busca representar.
Si la semana pasada expusimos la identificación del Lazio con la extrema derecha, el St. Pauli es todo lo contrario. Es un equipo donde el carácter ideológico y el orgullo pesa sobre todas las cosas y cuya claridad en las ideas es tan grande, que se declaran abiertamente antifascistas, antiracistas, antisexistas y antihomófobos. Los "Freibeuter der Liga" (Bucaneros de la liga), son simplemente diferentes, diferentes porque abrazan la diversidad y la libertad, su presidente, Corny Littman se ha declarado públicamente homosexual, su principal patrocinador es Orion, una sexshop por internet, tienen uno de los mayores índices de presencia de mujeres en las tribunas, y participan en acciones benéficas como la cruzada Viva con agua de Sankt Pauli, para proveer de dispensadores de agua en Cuba.
Como suele suceder con los equipos que se enfrentan al descenso, el St. Pauli estuvo a punto de desaparecer por problemas financieros. Es aquí cuando el carácter único y particular de sus seguidores rescató al equipo de quedar en el olvido. La campaña iniciada para salvar al club se llamó Retteraktion, e incluyó la venta masiva de playeras relativas al equipo en McDonlads , pero más sorprendente aún la campaña llamada “Bebe por St. Pauli”, donde todos los bares incrementaron en 50 centavos el precio de la cerveza y el dinero fue directo a las arcas del club. Es cierto, muchos fanáticos tradicionales han criticado la reciente introducción del St. Pauli al mundo mercadológico, pero también habremos de reconocer que un mundo tan globalizado como lo es el fútbol, el equipo no está ya en la capacidad de permitirse ser una utopía social.
El F.C. St. Pauli, arquetipo del equipo de culto, se ha convertido en un símbolo mundial para los izquierdistas, punks y otras subculturas, ya saben cosas legendarias. Este año, festejando sus primeros cien años, el equipo regresa a la Bundesliga, y el Millerntor-Stadion se abarrotará con fanáticos ondeando banderas piratas y símbolos antifascistas.Para equipos modestos como el SC freiburg o el FC Kaiserlautern, no sé que será peor, entrar al imponente Allianz Arena o al Millerntor, cueva de piratas que los recibirá al ritmo del "Hell´s Bells" de AC/DC.

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